La noción barthesiana del mito

Los significados que nos parecen naturales son productos culturales que resultan de marcos conceptuales tan familiares que pasan inadvertidos. Al desafiar las opiniones recibidas y proponer nuevas perspectivas, Barthes pone en evidencia algunas de las formas en que habitualmente hacemos inteligible el mundo y dedica sus esfuerzos a modificarlas. Las culturas pretenden que sus convenciones y prácticas pasen por naturales, cuando son el resultado de fuerzas a intereses históricos. Al mostrar cuándo y cómo se originaron ciertas prácticas, la historia ayuda a desmitificar la ideología de una cultura, desenmascarando sus premisas.

Barthes valora la historia por la rareza de otras épocas y lo que pueden enseñarnos acerca de la nuestra. También proporciona una narración que sirva para hacer inteligible el presente. Sartre aboga por “llamar a las cosas por su nombre”. Pero ninguna prosa es transparente: todo texto contiene signos que indican un modo social, una relación con la sociedad. No hay escritura que pueda ser verdaderamente revolucionaria. Barthes atrajo hacia nuestra atención y la suya un segundo nivel difuso pero poderoso de significación que él llamaba “mito”.

El mito es un engaño a evidenciar. Ocultan las condiciones sociales y económicas, invistiendo a objetos de significados de segundo orden. Todo en nuestra vida es tributario de la representación que la burguesía hace de las relaciones del hombre y del mundo. El mitologista se ocupa de la imagen del objeto: no de sus propiedades y efectos, sino de los significados de segundo orden que la convención social le atribuye. A medida que esclarece el significado mítico, el mitologista es cómplice de lo que ataca. Al realizar la crítica contribuye al mito. La desmitificación no elimina al mito, le concede mayor libertad. El mito es proteico, indomable.

Barthes critica a la crítica académica por declararse objetiva y no ideológica. Rechaza por tanto la interpretación inmanente: quiere explicarse la obra en términos de hechos externos a ella, hechos sobre el mundo del autor o sus fuentes. Barthes no acepta que la interpretación y la ideología pueden decidir trabajar en un dominio enteramente dentro de la obra. Lo que se consideran fundamentos son de por sí interpretaciones fundadas en una ideología que los académicos quieren presentar como la razón misma. Para Barthes, la labor crítica de una nación, “retomar los objetos de su pasado y describirlos nuevo para descubrir qué puede hacer con ellos”.

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