Miguel de Unamuno y Sören Kierkegaard I

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En relación al danés, el español supuso que se trataba de otro agónico vitae atormentado por la búsqueda de la verdad existencial[1]. La influencia de Kierkegaard en la obra unamuniana es una realidad a tomar en consideración, pues, para el intelectual bilbaíno, el nórdico llegó a ser tan referencial que incluso lo leyó en su lengua original[2].

Elemento afín fueron las crisis existenciales de carácter religioso vividas por ambos y que produjeron un cambio de dirección en su reflexión hacia una postura vinculada a una doctrina escatológica que permitiese la prolongación vital. Kierkegaard también se posicionó frente al hegelianismo dominador de la filosofía europea. Su crítica insistió, al igual que hizo con posterioridad Unamuno, en el valor de lo individual, lo subjetivo y lo concreto frente a las lecturas de las teologías de inspiración hegeliana perseverantes en lo universal y genérico. Este último rasgo fue cardinal en el caso del bilbaíno, su enfoque vitalista incidió de manera radical en la pervivencia de la conciencia personal frente a otras nociones de prolongación de la existencia.

Unamuno entendió al ser humano como inserto en la sociedad donde encuentra su sentido (aunque desapegado de la misma) y, por su parte, el danés se aferró a una individualidad monacal. Aun así, Miguel de Unamuno hizo esfuerzos por conjugar esta visión de la individualidad defendida por Kierkegaard con su idea del ser humano[3]. Haciendo un análisis pormenorizado, quedan patentes profundas diferencias entre ambos pensadores, aunque en algunos elementos concretos referentes a obras particulares, aparecen también similitudes que acercan sus posturas. Por ejemplo, En El sentimiento trágico de la vida se observan componentes propios de la teología del nórdico. De hecho, desde algunos posicionamientos se afirma el magnetismo fundamental ejercido para la elaboración de su plan de trabajo[4]. Puede comprobarse el paralelismo entre los juegos con el lector en las obras O lo uno o lo otro y Niebla. Pues, en el caso de Kierkegaard el supuesto editor del mencionado texto es Victor Eremita mientras que, para el vasco, el imaginario editor fue Víctor Goti. Además, los dos trabajos se fraguan mediante un modelo de ficción novedoso y contienen un prefacio firmado por los fingidos editores[5]. Por otro lado, entre Diario de un seductor y la obra unamuniana mencionada se hace patente un punto de partida prácticamente idéntico que, después de que ambos protagonistas se fijen en su amada, terminará por divergir. A los recursos narrativos similares sería necesario añadir numerosas figuras y motivos compartidos[6]. Pueden acreditarse múltiples componentes análogos tales como: el texto de los títulos; el uso del monólogo; los seductores que caen rendidos ante el amor debido a una primera impresión; la caracterización de sus respectivas amadas; algunos rasgos estilísticos reiterados como el uso del pronombre posesivo mi cuando los protagonistas se refieren a su enamorada; situaciones prácticamente idénticas en ambas narraciones; el tono cómico empleado por los dos autores; la sensación de que la vida supone una travesía a través de la bruma y, por último, el sentido de que únicamente el amor espiritual puede, frente al amor físico, suponer un asidero vital[7].

Las anotaciones de Unamuno en los márgenes de Diario de un seductor demuestran la influencia, pues ponen de manifiesto como los términos de nube y niebla son empleados por el español como metáfora de la vida humana[8]. Las dos ideas primordiales presentadas en Niebla fueron empleadas por Kierkegaard cuando equiparó el mundo con un “reino de niebla” y la existencia como un “mundo de sueños”[9]. Por otro lado, desde ciertos ámbitos de la crítica unamuniana se considera que, más que seguir el modelo kierkegaardiano, lo que hace el vasco en Niebla es adoptar rasgos cervantinos patentes en las interrupciones del relato para introducir elementos que ayudan a la composición del conjunto[10]. Sin embargo, este recurso también puede localizarse en el nórdico y, curiosamente, la composición de Niebla coincide con el momento de mayor magnetismo sobre el español[11].

 

 

[1] Unamuno, Miguel de, Mi religión y otros ensayos breves, en Obras Completas, IX. Madrid. Ediciones de la fundación José Antonio de Castro. 2008. P. 89

[2] House Webber, Ruth, Kierkegaard and the Elaboration of Unamuno’s Niebla en Hispanic Review, Vol. 32, No. 2 (Apr., 1964). University of Pennsylvania Press P. 118

[3] Fasel, Oscar A., Observations on Unamuno and Kierkegaardk en Hispania, Vol. 38, No. 4 (Dec., 1955). American association of Teachers of Spanish and Portuguese. Pp. 446-447

[4] Ibídem. P. 119

[5] Ibídem. P. 120

[6] Ibídem. P. 123

[7] Ardila, J. A. G., The Origin of Unamuno’s Mist: Unamuno’s Copy of Kierkegaard’s Diary of the Seducer en Modern Philology, Vol. 109, No. 1 (August 2011). The University of Chicago Press. Pp. 137-138

[8] Ibídem. Pp. 141-142

[9] Ibídem. P. 143

[10] House Webber, Ruth, Kierkegaard and the Elaboration of Unamuno’s Niebla en Hispanic Review, Vol. 32, No. 2 (Apr., 1964). University of Pennsylvania Press P. 127

[11] Ibídem. P. 131

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