Poder y presente en Byung-Chul Han (II)

2. LA ASFIXIANTE PROLIFERACIÓN DE LO IGUAL

I.

El capitalismo, guiado por la lógica acumulativa de la rentabilidad, el beneficio y la competitividad[1], busca eliminar la negatividad de lo otro para favorecer el rendimiento y que este no se encuentre con obstáculo alguno. Con ello se borran también los límites, tan necesarios en cuanto medida y posición de un criterio que establece la distancia[2] y fundamenta la hermenéutica. El resultado es una sociedad uniformada[3], homogeneizada, en la que la explotación nace de uno mismo y la decisión genuinamente libre «se elimina en favor de la libre elección entre distintas ofertas»[4]. Se ubica Han por lo tanto en la corriente de Heidegger, Nietzsche y Foucault en el señalamiento de esta caracterización de la sociedad como uniformidad anuladora de subjetividades y espacio de vida inauténtica.

Esta neutralización del antagonismo, este rechazo a lo distinto incluye en primer lugar al Otro, que solo se tolera mientras se trate del Otro aséptico, mercantilizado y «alisado»: el Otro real se rechaza de plano[5]. Límites y obstáculos[6], aspectos constitutivos para el pensamiento[7], son igualmente descartados. La consecuencia primera es que, en un medio transparente, intrascendente e igual hasta la asfixia, se pierde lo singular de las cosas[8] y la capacidad de producir conocimiento, por cuanto este no se fundamenta en la acumulación aditiva de información: necesita de una teoría que dote de sentido y dirección a la investigación[9] y de un criterio de verdad que declare falso todo lo otro a ella[10]. La ciencia, en definitiva, necesita de límites[11]. La verdad es la contrafigura del amontonamiento hiperinformativo[12], el cual no testimonia sino «la falta de verdad, e incluso de la falta de ser»[13]. Hablamos por tanto no de una verdad sino de la verdad ontológica, comunicativa y creadora, la ἀλήθεια, perteneciente en Aristóteles al ámbito teorético-práxico-ético-estético-hermenéutico[14].

La ausencia de negatividad domestica al amor, privándolo de aspectos constitutivos como el sufrimiento y la pasión[15], dejando tras de sí sentimientos y excitaciones inconsecuentes[16]. La experiencia erótica supone una asimetría que no puede darse en una sociedad en la cual «todo es aplanado para convertirse en objeto de consumo»[17]. La degradación del amor como experiencia no alcanza solo al plano romántico, sino que afecta al mismo λόγος. El λόγος nunca es ente: es un lazo, un vínculo[18]; por lo tanto, para adentrarse en «lo no transitado» y lo atópico, el λόγος necesita de la guía del Eros[19].

Es por ello por lo que Heidegger sitúa lo bello «no en lo estético sino en lo ontológico»[20]: así, el arte es una puesta en obra de la ἀλήθεια, la verdad ontológica[21], y describe al λόγος no como una cuestión positiva, sino que en su metáfora del labrador lo plantea en términos de una mediación marcada por la negatividad[22]. El Eros presupone la alteridad, tanto del otro como de uno mismo[23], pues el amor es amor a sí y amor a lo otro[24]: en el amor, «Uno y Otro son a la vez realmente distintos en esencia y existencia, pero unificados en sustancia»[25].

Incluso algunas de las alternativas al capitalismo se plantean desde la ausencia de negatividad: la propuesta esquizo de Deleuze y Guattari ataca al capitalismo por poner cotos artificiales a la producción, por imponer la frenada de sus contradicciones internas señaladas por Marx a las máquinas deseantes del individuo. Atacando al psicoanálisis freudiano-lacaniano por plantear el deseo como carencia, proponen un deseo en términos meramente positivos: pierden la perspectiva, por tanto, de la violencia de la positividad[26]. Sin límite alguno y como señala Han repetidamente, el imperativo del deseo se vuelve contra el individuo. Por otra parte, rescatando la crítica de Jameson, el esquizo-análisis ideal de Guattari no hace sino redundar en la reducción capitalista al presente[27], replicando su ritmo sin criticarlo.

La positividad, se concluye, tiene su propia violencia resultante de su masificación[28]:

La violencia de la positividad no es privativa, sino saturadora, no es ejecutiva, sino exhaustiva. No tiene que ver con la exclusión, sino con la exuberancia. No se manifiesta como represión, sino como depresión. La violencia macrofísica se manifiesta de modo expresivo, explosivo, explícito, impulsivo e invasivo. […] La violencia macrofísica des-interioriza al sujeto, invadiéndolo y destruyéndolo. La violencia microfísica, [implosiva], des-interioriza al sujeto dispersándolo con un exceso de positividad[29].

II.

La patología contemporánea es de tipo neuronal, caracterizada por enfermedades ocasionadas no por lo inmunológicamente negativo, sino por el exceso de positividad[30]. Han establece una analogía entre la saturación positiva de la sociedad y el modelo inmunológico, que libera anticuerpos para enfrentarse a la alteridad de lo extraño, pero no tiene defensa frente a la acumulación adiposa[31]. La «sobreabundancia de lo idéntico» es sistémica, inmanente, por lo que no provoca respuesta alguna para contrarrestarla[32]. El esquema inmunológico amigo/enemigo ha quedado atrás[33] y lo que enferma al cuerpo social no es la prohibición sino la afirmación, que genera una presión destructiva que proviene del interior[34]. En este adiposo vacío de plenitud[35], «la producción ya no es productiva, sino destructiva; la información ya no es informativa, sino deformadora; la comunicación [solo es] acumulativa»[36]. La saturación no es transformadora sino que consagra un orden de cosas, reforzando los modos de dominación[37].

Desde sus postulados originales, por los cuales se atribuye la depresión a la presión por el rendimiento[38] y la define como característica del sistema[39], Han pone el acento tanto en la exigencia positiva de rendimiento como en la ausencia de límites en el interior del individuo. La constante demanda del «tú puedes» conduce a un «no-poder-poder-más» marcado por el autoreproche y la autoagresión[40] de quien no puede vencerse a sí mismo[41], de la incapacidad  de mantener la iniciativa[42]. El burnout o el TDAH se caracterizan por no poder decir «no»[43].

El narcisismo surge de una intimidad que no conoce de distancias con uno mismo, que empuja al narcisista a «experimentarse a sí mismo en todo lo que tiene enfrente». De ello resulta el ahogo en uno mismo, en esa «intimidad sin límites»[44]. El narcisismo puede comprenderse erróneamente como amor a uno mismo: en realidad, el amor propio exige la negatividad de la delimitación propia frente a lo ajeno. Por el contrario, el narcisismo anula esa distancia hasta convertir el mundo en un conjunto de proyecciones y modulaciones[45] de uno mismo, que conducen a la fatiga y el agotamiento. El recogimiento en uno mismo, la incapacidad de abrirse al mundo, no produce el enriquecimiento de la mismidad sino el vaciamiento del yo[46].

El tiempo abierto, deslimitado, del depresivo narcisista no puede cerrarse, concluir[47]. Frente a Sennett, el cual defiende que el narcisista elude la forma objetivada del acabamiento para que no debilite su yo, Han argumenta que la incapacidad de alcanzar objetivos viene impuesta por el marco social, que aboca a la repetición narcisista del yo sin acceso a ningún carácter[48].

Las nuevas tecnologías contribuyen a alimentar esta depresión-narcisismo. Han echa mano del planteamiento lacaniano para definir el smartphone como espejo digital, «nueva edición posinfantil del estadio del espejo»[49]. No nos pone tanto en contacto con el otro, con lo diferente, como con una «esfera de lo imaginario» no solo en la que uno se incluye, como apunta el autor, sino configurada por nosotros mismos.

A través de él ejercemos una estricta vigilancia sobre nosotros mismos, examinándonos y controlándonos[50]. El selfie, por su parte, es el vano intento de auto-producción[51] de un rostro que ya no contiene mundo. Su adicción no nace del amor propio, sino de la respuesta a un vacío interior que produce la auto-referencia narcisista de un yo vaciado e inseguro[52]. En general, los mundos virtuales son pobres en alteridad y resistencia, espacios imaginarios en los que el yo narcisista se encuentra fundamentalmente consigo mismo[53], «mirándose al ombligo de la pseudo-conectividad»[54].

Se da igualmente un imperativo de autenticidad que empuja a la coerción, la vigilancia, el asedio, el acecho y el cuestionamiento permanente de uno mismo, intensificándose la referencia narcisista[55] de un yo que se produce, representa y ofrece como mercancía[56]. Al concentrar la libido en uno mismo y negarla al objeto, se niega la propia libido del objeto[57]. Han coincide con Trías[58] al señalar que lo singular se diferencia cualitativamente de la autenticidad, vinculada la individualidad, por cuanto lo singular se piensa desde la esencia y no desde el concepto intercambiable y consumible.

III.

La muerte es una negatividad cuya eliminación resulta prioritaria, en cuanto supone la pérdida absoluta. Vista desde una perspectiva meramente productiva, en un desastre que clausura todo proyecto; proyectos que como hemos visto en el punto anterior nunca encuentran una clausura, sino que se mantienen permanentemente activos, en un constante «poder hacer», por lo que la muerte se concibe como interrupción en lugar de como cierre dados de sentido. La vida se absolutiza[59] y se silencia a la muerte para que no interfiera en el proceso productivo:

A la muerte […] se la priva de todo lenguaje. La muerte [pasa a significar] simplemente la des-producción, el cese de la producción. Cuando se niega la muerte en aras de la vida, la vida misma se trueca en algo autodestructivo[60].

Si desaprendemos el morir es porque no somos capaces de concluir la vida[61]. La incapacidad de afrontar la muerte, de entregarse a ella, condena al sujeto a permanecer dentro de sí mismo, esclavizado[62]. La sociedad del rendimiento es también la sociedad de la mera vida, de la calocracia lisa y pulida, en la que prima la supervivencia[63] buscada con un afán histérico: la vida pasa de ser lo más importante que tenemos a todo lo que tenemos[64]. Así, «estamos demasiado muertos para vivir y demasiado vivos para morir»[65].

La vida se desnaturaliza, despojada de vivacidad: se seculariza la existencia[66] y la salud se torna vacía en una finalidad sin fin[67]: la salud sustituye tanto al mundo como a Dios[68]:

Es difícil morir en un mundo en el que el final y la conclusión han sido desplazados por una carrera interminable sin rumbo, una incompletud permanente y un comienzo siempre nuevo, en un mundo, pues, en el que la vida no concluye con una estructura, una unidad. De este modo, la trayectoria vital queda interrumpida a destiempo[69].

IV.

En la actualidad se impone una suerte de «no-pensamiento» basado en una tolerancia que no lo es por la aceptación de las diferencias, sino que evoca a la tendencia de no-oposición característica de la modernidad señalada por Nietzsche como largueur. Es un error entender el conflicto político como destructivo, cuando sobre él se construye el acuerdo[70] y la poiesis. Es la seducción del otro atópico lo que activa el pensamiento, pues el pensar se actualiza contemplando acción-virtud del otro y de uno mismo en tanto que otro[71]: desprovisto de esta alteridad, la cognición se atrofia hasta devenir mecanicismo que reproduce lo mismo[72]. Este acuerdo acrítico configura una violencia del consenso[73] que evita todo antagonismo. Hasta el terrorismo, antagonismo par excellence del relato occidental, es un gesto reactivo a lo global.

Idéntico origen tienen los nuevos nacionalismos de corte populista y ultraderechista, anticipados por Debord como transfiguradores de las posiciones jerárquicas de consumo (que no de clase) en superioridad ontológica fantaseada[74]. Estos aglutinan xenofobia y anti-capitalismo como reacción a la dinámica igualadora, que no igualitaria, de la sociedad positiva[75]. La sociedad de consumo rechaza toda alteridad no asimilable: toda diferencia debe ser consumible y heterotrópica[76], absorbiendo la facticidad y convirtiendo toda cosa en objeto[77], en un movimiento nihilista tal como lo entiende Vattimo, en cuanto extermina todo valor de uso[78] y reduce el ser a valor de cambio[79].

V.

En el campo de la estética se busca lo pulido y lo impecable, en estatuas como las de Jeff Koons o en la arquitectura contemporánea, pues no ofrece resistencia alguna[80]. La sociedad digital, en la que todo es táctil, seculariza lo distinto, desmitifica al someterlo todo «a la hipercercanía y la sobreiluminación, [destruyendo] toda lejanía aureolar»[81], todo «pathos de distancia»[82]. La eliminación de la mística, de lo velado, ha sido criticada por Barthes o Vattimo como tendencia científico-técnica que priva la experiencia humana del placer (el primero) y de la verdad (el segundo). Esta tendencia convierte la alteridad en mera diversidad[83] dentro de un ámbito vacío, neutralizado y, como apuntaría Žižek, desustancializado, en el que el placer se ve remplazado por la mera compulsión de repetición[84]. La tarea del arte y de la filosofía —o de la filosofía vinculada al arte, esto es, de la posmodernidad— es por tanto la salvación de lo otro, lo distinto y lo bello[85], aquello sobre lo que arrojar una mirada no consumidora, sino contemplativa[86].

[1] Cruz, Manuel (2016). Ser sin tiempo (p.49). Herder Editorial.
[2] Oñate, Teresa (2010). Materiales de ontología estética y hermenéutica II (p.111). Editorial Dykinson.
[3] Han, Byung-Chul (2013). La sociedad de la transparencia (p.13). Herder Editorial.
[4] Han, Byung-Chul (2014). Psicopolítica (p.29). Herder Editorial.
[5] Žižek, Slavoj (2012). En defensa de la intolerancia (p.60). Sequitur Ediciones.
[6] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.53). Herder Editorial.
[7] Han, Byung-Chul (2013). La sociedad de la transparencia (p.60). Herder Editorial.
[8] Ibíd. (p.12).
[9] Han, Byung-Chul (2014). La agonía del Eros (p.76). Herder Editorial.
[10] Han, Byung-Chul (2013). La sociedad de la transparencia (p.23). Herder Editorial.
[11] Oñate, Teresa (2009). Materiales de ontología estética y hermenéutica I (p.176). Editorial Dykinson.
[12] Han, Byung-Chul (2015). La salvación de lo bello (p.81). Herder Editorial.
[13] Han, Byung-Chul (2013). La sociedad de la transparencia (p.23). Herder Editorial.
[14] Oñate, Teresa (2010). Materiales de ontología estética y hermenéutica II (p.201). Editorial Dykinson.
[15] Han, Byung-Chul (2013). La sociedad de la transparencia (p.19). Herder Editorial.
[16] Han, Byung-Chul (2014). La agonía del Eros (p.33). Herder Editorial.
[17] Ibíd. (p.11).
[18] Oñate, Teresa (2010). Materiales de ontología estética y hermenéutica II (p.207). Editorial Dykinson.
[19] Han, Byung-Chul (2014). La agonía del Eros (p.78). Herder Editorial.
[20] Han, Byung-Chul (2015). La salvación de lo bello (p.106). Herder Editorial. Para Heidegger, apunta Han, lo bello es «el nombre poético de la diferencia de ser» y «el ser se comprende en la aspiración al ser o, como dicen los griegos, en el Eros».
[21] Oñate, Teresa (2009). Materiales de ontología estética y hermenéutica I (p.14). Editorial Dykinson.
[22] Han, Byung-Chul (2014). En el enjambre (p.80). Herder Editorial.
[23] Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto (p.109). Herder Editorial.
[24] Trías, Eugenio (1977). Meditación sobre el poder (p.58). Editorial Anagrama.
[25] Ibíd. (p.97).
[26] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.177). Herder Editorial.
[27] Jameson, Fredric (2004). Una modernidad singular (p.163). Gedisa Editorial.
[28] Han, Byung-Chul (2012). La sociedad del cansancio (p. 23). Herder Editorial.
[29] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.111-112). Herder Editorial.
[30] Han, Byung-Chul (2012). La sociedad del cansancio (p. 11). Herder Editorial.
[31] Ibíd. (p. 19).
[32] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.113). Herder Editorial.
[33] Ibíd. (p.74).
[34] Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto (p.9). Herder Editorial.
[35] Ibíd. (p.18).
[36] Ibíd. (p.10).
[37] Castro Flórez, Fernando (2016). Estética a golpe de like (p.91). Newcastle ediciones.
[38] Han, Byung-Chul (2012). La sociedad del cansancio (p. 29). Herder Editorial.
[39] Ibíd. (p. 27).
[40] Han, Byung-Chul (2012). La sociedad del cansancio (p. 31). Herder Editorial.
[41] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.55). Herder Editorial.
[42] Ibíd. (p.57).
[43] Ibíd. (p.52).
[44] Han, Byung-Chul (2013). La sociedad de la transparencia (p.71). Herder Editorial.
[45] Han, Byung-Chul (2014). En el enjambre (p.90). Herder Editorial.
[46] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.55). Herder Editorial.
[47] Han, Byung-Chul (2014). La agonía del Eros (p.40). Herder Editorial.
[48] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.51). Herder Editorial.
[49] Han, Byung-Chul (2014). En el enjambre (p.42). Herder Editorial.
[50] Han, Byung-Chul (2014). Psicopolítica (p.26). Herder Editorial.
[51] Han, Byung-Chul (2015). La salvación de lo bello (p.27). Herder Editorial.
[52] Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto (p.45). Herder Editorial.
[53] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.55). Herder Editorial.
[54] Castro Flórez, Fernando (2016). Estética a golpe de like (p.36). Newcastle ediciones.
[55] Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto (p.37). Herder Editorial.
[56] Ibíd. (p.38).
[57] Ibíd. (p.40).
[58] Trías, Eugenio (1977). Meditación sobre el poder (p.25). Editorial Anagrama.
[59] Han, Byung-Chul (2014). La agonía del Eros (p.36). Herder Editorial.
[60] Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto (p.51). Herder Editorial.
[61] Han, Byung-Chul (2014). La agonía del Eros (p.40). Herder Editorial.
[62] Ibíd. (p.34).
[63] Ibíd. (p.43).
[64] Cruz, Manuel (2016). Ser sin tiempo (p.79). Herder Editorial.
[65] Han, Byung-Chul (2015). La salvación de lo bello (p.67). Herder Editorial.
[66] Vattimo, Gianni (2007). El fin de la modernidad (p.92). Gedisa Editorial.
[67] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.38). Herder Editorial.
[68] Han, Byung-Chul (2015). El aroma del tiempo (p.10). Herder Editorial.
[69] Ibíd. (p.14).
[70] Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto (p.44). Herder Editorial.
[71] Oñate, Teresa (2009). Materiales de ontología estética y hermenéutica I (p.305). Editorial Dykinson.
[72] Han, Byung-Chul (2014). La agonía del Eros (p.72). Herder Editorial.
[73] Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia (p.97). Herder Editorial.
[74] Debord, Guy (2002). La sociedad del espectáculo (p.66). Editorial Pre-textos.
[75] Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto (p.25). Herder Editorial.
[76] Ibíd. (p.39).
[77] Trías, Eugenio (1977). Meditación sobre el poder (p.70). Editorial Anagrama.
[78] Baudrillard, Jean (1978). Cultura y simulacro (p.52). Editorial Kairós.
[79] Vattimo, Gianni (2007). El fin de la modernidad (p.24). Gedisa Editorial.
[80] Han, Byung-Chul (2015). La salvación de lo bello (p.11). Herder Editorial.
[81] Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto (p.18). Herder Editorial.
[82] Han, Byung-Chul (2014). En el enjambre (p.13). Herder Editorial.
[83] Han, Byung-Chul (2015). La salvación de lo bello (p.43). Herder Editorial.
[84] Castro Flórez, Fernando (2016). Estética a golpe de like (p.60). Newcastle ediciones.
[85] Han, Byung-Chul (2015). La salvación de lo bello (p.94). Herder Editorial.
[86] Ibíd. (p.69).

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