Las múltiples vidas del héroe trágico

 

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Es bien sabido que la tragedia clásica muestra un modelo narrativo en el que el héroe, marcado por el destino o moira, se enfrenta a la realidad y, por supuesto, pierde. Ahora bien, este viaje marcado por la derrota encierra varios asuntos a resaltar.

En primer lugar, este sujeto está por encima de la media, las Moiras se fijan en él por su calidad excepcional. La otra opción se encuentra en una vida tranquila y reposada, aunque, por supuesto, anónima e insignificante. El problema de este tipo de existencia es que, con independencia de la seguridad que genera, implica pasar sin pena ni gloria por el mundo. El griego sabía de esto y lo reflejó en su lírica; el público que asistía a la representación también lo conocía y el verse fuera de la problemática expuesta suponía un tremendo alivio: la catarsis. En segundo lugar, el héroe que lucha contra las vicisitudes que se le presentan sabe que va a perder, que no hay escapatoria, aunque con tesón choca contra la tendencia que le lleva al horrible final. Por último, la vida trágica enfrentada al destino implica una existencia superior que envuelve, de alguna forma, el motor de la historia por resultar una anomalía que rompe con la tranquilidad de la existencia anodina del resto de los mortales.

Los héroes eran los encargados, antes de perecer, de gestar a semidioses, romper las dinámicas impuestas desde la divinidad y establecer un nuevo ciclo que transforma lo social. En otras palabras, el héroe, desde la concepción de la historia griega se eleva sobre la vulgaridad y rompe con los ciclos eternos que dominan el Cosmos. La Historia, como realidad absoluta, está al margen del ser humano cotidiano, solo los excepcionales pueden, mediante su acción, establecer una ruptura que determine un nuevo devenir para fracturar el ritmo anterior. Se encuentra en este punto la extravagancia, la novedad no determinada por un proceso sino por la particularidad del individuo que se levanta contra el destino.

El protagonista de la tragedia también inicia, por el hecho de ser señalado, un viaje que va más allá de lo externo y que se sumerge en la introspección. El héroe se conoce a sí mismo, desentraña la condición humana a causa de los avatares y desventuras que debe superar. Se convierte en un dechado de virtud, pues su acción se convierte en un modelo válido para el resto de individuos anodinos por su singularidad. La autognosis implica parte de este camino heroico que debe recorrer para intentar revertir la problemática en la que está sumido.

Por último, el héroe pierde. Es consumido por el destino irreversible que había sido marcado de antemano, aunque, durante su recorrido, cambia el orden de las cosas y penetra en la condición humana para ofrecer un magisterio que se convertirá en legado para sus semejantes. Con todo, se estrella contra la realidad, pues esta implica un límite absoluto nunca superable por un simple mortal; por muy excepcional que resulte.

El caso de Pedro Sánchez, en el PSOE actual, tiene visos de héroe trágico. El primer punto se encuentra en el llamado del destino, la vocación de alguien que se sale de la norma y que está por encima de la media. En este caso, se trató del triunfo en las primarias socialistas contra pronóstico y en oposición al más mediático y bragado Eduardo Madina. Contra viento y marea, venciendo los obstáculos que tenía por delante, Sánchez escuchó el llamamiento de las moiras que le situaban al frente del histórico grupo político. En ese instante, supo que comenzaba su viaje iniciático que le llevaría desde las simas a las cimas de la existencia.

El momento cumbre llegó con las últimas elecciones generales. En este punto, se preparó el coro para cantar la tragedia terrible que se avecinaba. El PSOE, frente un PP supuestamente desfallecido ante el escándalo político y económico, logra los peores resultados de su historia. La caída del héroe era más que evidente, aunque, sin embargo, todavía tenía una oportunidad que iba a llevar al extremo. Se aferró a su aura de invencibilidad e intentó orquestar un pacto que ofreciese una alternativa al gobierno de Rajoy. Se produjeron negociaciones, encuentros y desencuentros que finalmente estallaron frente al protagonista. Aturdido, decidió seguir adelante intentando escapar de la medianía a la que se enfrentaba. Estaba a punto de ser engullido por la realidad para, con posterioridad, pasar a la cripta de los cadáveres políticos.

La caída había resultado estrepitosa, pero quedaba lo peor. El autoconocimiento que, lejos de darse a través del contacto con el enemigo, se dio a través del círculo más cercano. A sus espaldas, germinaba el terrible hado que estaba por llegar. En este caso, fueron sus propios compañeros los que orquestaron un golpe interno en virtud del cual el héroe parecía dar su último estertor. Él, firme en sus convicciones, no daba su brazo a torcer, aunque resultaba evidente que su ciclo llegaba a su fin. Por fin, un aciago día ofreció una rueda de prensa en la que anunciaba que dejaba su puesto y se alejaba de la alta política.

Con todo, sus últimas palabras no fueron de derrota, más bien se trató de un alegato en el que mostraba sus principios y su voluntad de retorno. Nadie le creyó. No obstante, el Hades devolvió una figura vapuleada y maltratada que se parecía a Pedro Sánchez; no era él, se trataba de su alter ego redivivo en forma heroica. Decidido a cambiar el curso de los acontecimientos se lanzó a la carretera y a la búsqueda del voto de la militancia para superar con éxito otro proceso de primarias.

El pasado día 21 de mayo se consumó el retorno después de un paseo por el inframundo. El nuevo Secretario general del PSOE volvió a ocupar el puesto del que le habían expulsado. Estaba claro, a la vista del periplo que se había producido, que el destino le había elegido y le situaba por encima de la trapacería que le rodeaba En este caso el viaje interior había resultado mucho más intenso que el físico, quedando de manifiesto la madurez alcanzada gracias a las traiciones, caídas y, por último, redención. El objetivo es cambiar el devenir político, pero Pedro Sánchez no debe olvidar que la Moira siempre gana y el héroe acaba consumido. Tiempo al tiempo.

 

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