Gadamer, desde Jean Grondin

«Frente al positivismo y el historismo, Gadamer argumenta que las ciencias del espíritu deben elaborar sus propios métodos para gozar del estatus de ciencias. No obtienen conocimiento de la inducción lógica o de un método sino de un tacto psicológico. Su carácter científico se puede comprender mejor desde la tradición del concepto de formación que desde la idea de la ciencia moderna. Retoma el círculo hermenéutico: los prejuicios, la comprensión previa, tienen un valor casi de condiciones trascendentales del entender. Pone como base para la determinación de su objetividad la pre-estructura ontológica del entender, que corre el riesgo de guiarse por concepciones previas erróneas.

Rehabilitar los prejuicios es tenerlos presentes para que el texto mismo se manifieste en su diferencia y pueda poner en juego su verdad objetiva frente a la propia opinión previa. La cosa solo llega a hablar por medio de los proyectos subjetivos del entender y el hablar subjetivo. Reclama un entender críticamente reflexivo que haga conscientes sus anticipaciones para controlarlas. Aspirar a un criterio que asegure la objetividad es un retoño metafísico del historismo. Se exige frente a ello formarse una conciencia por la historia de la transmisión. Nuestra conciencia actual está marcada y se constituyó, fue “efectuada”, por la historia. La exploración de esta conciencia, la demostración del carácter universal y hermenéutico de nuestra experiencia es el objeto de la hermenéutica de la finitud de Gadamer.

Nos metemos en el estado interpretado de nuestro tiempo más por la vía de la costumbre que por medio de una apropiación explícita. La historia de la transmisión es antes ser que conciencia, más substancia que subjetividad. El carácter histórico de la aplicación excluye la posibilidad de un punto cero del entender, que es siempre la continuación de un diálogo previo a nosotros. Todo entender está motivado y movido por preguntas que determinan de antemano las perspectivas del entender. Un texto solo llega a ser elocuente gracias a la pregunta que dirigimos hoy a él. Entender es una relación, un diálogo. Se trata menos de la comprensión de un contenido de sentido noético que de la realización del diálogo que somos nosotros. Verdad y Método mostrará el carácter hermenéutico de dicho diálogo.

Se cuestiona la fijación tradicional del pensamiento filosófico en el logos apofantikos teorético, la proposición demostrativa, teórica porque abstrae de todo lo que no dice expresamente. Pretender fijar el lenguaje a sus enunciados teoréticos es un estrechamiento de su ámbito. El lenguaje no se realiza en proposiciones sino como diálogo. Entender no es mera comprensión intelectual de un contenido objetivable y aislado: es resultado de una pertenencia a una tradición en proceso. El diálogo es el único lugar desde el que lo enunciado obtiene consistencia y cobra sentido. Entender es participar en un sentido, una tradición, un diálogo sin proposiciones, de preguntas y respuestas que provocan nuevas preguntas.

Lo expresado no es todo (referencia a la palabra interior, el verbum interioris). Para abordar el lenguaje correctamente es preciso tener en cuenta el diálogo interior. Si nuestra experiencia lingüística tiene un carácter lingüístico por principio es solo porque el lenguaje encarna el único vehículo para ese diálogo interior que somos para nosotros mismos y que también somos los unos para los otros. El entender que siempre tiene también forma de lenguaje y se dirige al lenguaje debe estar en condiciones de hacerse cargo de todo el contenido del lenguaje para acceder a ese ser al que ayuda a expresarse. El entender es un incesante proceso de integración en la palabra y de búsqueda del lenguaje comunicable, concebido como este proceso asado en la universalidad de la hermenéutica.

Gadamer nunca reivindicó una última validez general o absoluta. La búsqueda de comprensión y lenguaje no es sólo un problema metodológico, sino un rasgo fundamental de la facticidad humana. La hermenéutica es un aspecto universal de la filosofía y no sólo la base metodológica de las ciencias del espíritu. La dimensión del lenguaje es universal y constituye el universo en el que se realiza todo entender y toda existencia humana. Eso no quiere decir que el lenguaje tenga para todo una expresión a mano: el lenguaje verdadero nunca agota lo que hay que decir y su universalidad es específicamente la búsqueda de lenguaje. La dimensión universal que mantiene la hermenéutica en acción es la de la palabra interior, del diálogo del que toda expresión recibe su vida.

La hermenéutica se ocupa de la autointerpretación de la facticidad humana, que trata de dar cuenta de su propia finitud en tanto horizonte universal desde el cual todo puede adquirir sentido. Reconoce su finitud, es la conciencia de que nuestro lenguaje concreto no basta para agotar el diálogo interior que nos empuja a querer entender. Solo en el diálogo, en el encuentro con la otredad (que también puede habitar en nosotros) podemos superar la limitación de nuestros horizontes. Así alcanzamos la verdad: no como toma de posesión sino como participación, pues es imposible dar con un sentido objetivado. Gadamer critica la retirada al positivismo de los signos por equivaler a una negación de la palabra interior o del diálogo interior consigo mismo, del que se nutre y del que testimonia el lenguaje.»

Apuntes y notas extraídos de Jean Grondin, en Introducción a la hermenéutica filosófica, Herder Editorial (2009)

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