Évald Ilienkov y el concepto de enajenación

Esta entrada es un resumen de «Hegel y la “enajenación”» una ponencia del filósofo marxista Évald Iliénkov pronunciada durante el Congreso Internacional sobre Hegel en Praga (1966). Publicada originalmente en ruso y traducida al español por Rafael Plá León en 2004, puede leerse íntegra aquí. Se trata de una muy interesante delimitación del concepto de enajenación, en cuanto a través de la aproximación hegeliana del mismo aparecen con claridad las diferencias con respecto a la definición elaborada por Marx, así como el rol que desempeña en el proyecto socialista. Al mismo tiempo, aclara posibles confusiones con respecto a la supuesta naturaleza apriorística del ser humano que pueda extraerse de dicho concepto, la cual no figura en los planteamientos de Hegel ni de Marx.

Marx entiende los términos entfremdung y entäusserung como sinónimos: separados por una coma, para Hegel son distintos. Hegel no utiliza el término entfremdung en la representación de los siguientes niveles superiores del desarrollo fenomenológico y en la exposición de su filosofía del Estado y del Derecho. En un Estado «racional» no hay ya lugar para la «enajenación» en sentido estricto, aunque éste intervenga como antes, como cierta realidad «exterior». Este «tránsito», ya a un «retorno» religioso-filosófico del espíritu hacia sí mismo desde todas sus formas «externas» de realización. La entfremdung, en su significado específicamente hegeliano, caracteriza solo un estadio del desarrollo del espíritu universal (es decir, de la cultura espiritual de la humanidad) relacionado con el antagonismo entre el Estado y la religión, entre lo «interno» y lo «externo»; en pocas palabras: con el atraso de la cultura espiritual. Como tal, este se supera, se suprime y se conserva solo en la «memoria» de la humanidad.

Cuando, por ejemplo, él (Hegel) contempla la riqueza, el poder estatal, etc. como esencias enajenadas respecto de la esencia humana, él las toma solo en su forma pensada… Por eso, toda la historia de la enajenación y toda la eliminación de la enajenación no es otra cosa que la historia de la producción de lo abstracto, es decir, del pensamiento absoluto… La enajenación, que forma el interés propio de esta enajenación… representa en sí… la contraposición entre el pensamiento abstracto y la realidad sensorial, o la sensoriedad real en los marcos del propio pensamiento […] La enajenación del obrero en su producto no tiene solo la significación de que su trabajo se convierte en objeto, adquiere existencia externa, sino también la significación de que su trabajo existe fuera de él, independientemente de él, como algo ajeno a él, y de que su trabajo se convierte en algo contrapuesto a él como fuerza independiente. Gracias a la mutua enajenación de la propiedad privada la propia propiedad privada adopta la determinación de una propiedad privada enajenada. —Marx

«En la base del santo advenimiento —escribe Hook— está el punto de vista de que él supuestamente consideraba que el hombre posee una determinada naturaleza a él inherente, de la cual de una forma u otra todas las sociedades clasistas lo enajenan, enajenándolo respecto de otros hombres y deformando así su carácter humano». Sobre esta base Hook presupone que el problema de la «enajenación» no puede ser ni resuelto ni planteado sobre el marxismo maduro; que el concepto de «enajenación» es ajeno a un abordaje histórico del hombre, a una comprensión de la «naturaleza humana». Por eso a él le parece que sobre la base de una comprensión histórico-materialista del «hombre» no se puede ni siquiera plantear el problema de la reconstrucción racional del mundo contemporáneo, de la creación de tal sistema de relaciones al interior del cual fueran. Aquí descansa en el fondo un concepto ingenuo de «enajenación», que en esa tosca forma no pertenece ni a Marx ni a Hegel.

Si a Hegel se le puede reprochar aún haber admitido cierta naturaleza humana a priori en calidad de premisa y de conditio sine qua non, a Marx no se le puede dirigir este reproche por mucho que se desee. Precisamente en los Manuscritos, en el transcurso de la crítica de la visión hegeliana de la esencia humana, Marx se libera del concepto de espíritu absoluto como principio existente previo y fuera del hombre real. El propio concepto de este espíritu absoluto desaparece como resultado, como consecuencia de determinada cooperación históricamente concreta entre personas de trabajo físico y personas de trabajo mental, de la división del trabajo, del hecho de la real «enajenación» de la ciencia respecto de la masa fundamental de individuos que componen la mayoría de la sociedad humana. Marx no admite en sus razonamientos ninguna «naturaleza humana» dada de antemano, en lugar alguno, y Hook le atribuye esta idea totalmente por gusto.

En Marx se tratan las formas de «enajenación» de los resultados/productos de la actividad humana. En forma de resultado o de producto se enajena solo la actividad productiva, la «actividad en forma de cosa» (de objeto de consumo, de medio de producción, de instrumento). La actividad material del hombre fijada en los objetos es realmente premisa de cualquier «enajenación». El hombre, contemplado como sujeto de actividad sensorial objetiva, como sujeto del trabajo vivo real, y no como sujeto de autoconciencia moral o filosófico-religiosa, antecede lógica e históricamente a cualquier experiencia de «enajenación». Toda concepción de Marx descansa en la diferenciación entre «cosa» y «hombre»: el «hombre» desde el comienzo mismo se contempla como resultado de su propia forma específicamente humana de actividad. Sin esta diferenciación y contraposición de principio entre «cosa» y «hombre» es imposible cualquier teoría del valor. Marx ve en la identificación de la fuerza productiva del hombre con la fuerza productiva del animal amaestrado o de la cascada que hace girar la turbina una abstracción teóricamente falsa en la que se pierde en general el concepto de trabajo.

Si la teoría del valor se basa en que el nuevo valor lo crea solo el trabajo vivo, la actividad del individuo humano, y que el «trabajo muerto», aunque intervenga bajo la forma de sistema autónomo automatizado de la industria, no puede crear nuevo «valor», sino traspasar por partes su «valor» previamente «objetivado» en él, este postulado descansa en la diferenciación de principio entre el «hombre» (sujeto de la actividad productiva específicamente humana) y la «cosa» fuera del «hombre» como simple objeto de esta actividad. También la definición de toda la masa de formaciones culturales históricas —máquina, obras de arte— en calidad de «trabajo objetivad», en calidad de trabajo «muerto», como «cuerpo inorgánico del hombre» se fundamenta en esta misma diferencia de principio. La «naturaleza humana» consiste en la actividad productiva real, sensorialmente objetiva de este hombre. Sí, y en esta definición la «naturaleza humana» realmente se presupone también en Marx en calidad de premisa, de condición de cualquier acto de «enajenación».

El marxismo comprende que la superación de todo tipo y forma de «enajenación» solo es posible por vía de la transformación comunista de la cooperación entre los hombres, por vía de la construcción de una sociedad sin clases, sin Estado, sin reglamentación jurídica compulsiva de la actividad, sin dinero y sin forma dineraria de evaluación y reconocimiento de la actividad humana. Tarea compleja y difícil: la «socialización» jurídica formal de la propiedad, su transformación en propiedad estatal, en propiedad de todo el pueblo, según Marx y Lenin, representa en sí el primer paso pero solo el primero, en el camino de la verdadera socialización de la riqueza material y espiritual, acumulada en forma de «enajenación». No se puede decir: «ustedes tienen “enajenación» y nosotros no”». La posición consiste en que la forma radical, revolucionaria, de «socialización de la propiedad privada», su conversión en propiedad del Estado socialista, es el único primer paso posible a la eliminación de las tendencias destructivas de la propiedad privada. Pero solo el primero. El segundo paso puede ser solo una profunda revolución en todo el sistema de división social del trabajo, en las condiciones del trabajo inmediato, incluidas sus condiciones técnicas.

La verdadera «socialización» de las fuerzas productivas en este sentido puede realizarse solo a través de la apropiación por cada individuo de aquellos conocimientos que están «objetivados» (y en el plano social aislados, «enajenados» respecto de él) en forma de ciencia y en forma de un especial aparato de dirección. La tarea de la completa eliminación de la «enajenación» coincide con crear condiciones tales de trabajo directo y de educación, dentro de las cuales cada individuo –alcanzara plenamente las cumbres contemporáneas de la cultura teórico-espiritual, técnica y moral. Pues solo en este caso él puede llegar a ser auténtico dueño, y no formal, de todo el mundo de la cultura creado en los marcos de la «enajenación». La «enajenación» (entfremdung) no es un problema local de algún que otro país o serie de países, que deja de ser problema en cuanto traspasamos las fronteras estatales de estos países. Este es un problema histórico universal, aún no resuelto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s