Filosofías helenísticas: el estoicismo

Para entender la fundación del estoicismo es necesario situarse en una ciudad que ya tiene el huerto de Epicuro fundado. Zenón de Citio encontró la misma Atenas que Epicuro: derrotada, desorientada, administrada por los macedonios. Estando en contra de una huida que enclaustra la vida política en la vida de los amigos y pone en el centro de atención de la sabiduría la consecución de una forma de placer limitada por la naturaleza, buscó otras fuentes de inspiración y las encontró en el estoicismo. El estoicismo es una transformación civilizada del cinismo, una oposición del epicureísmo que busca alternativa en uno de los elementos terminales de la sabiduría clásica, el cinismo.

Buena parte de la sistemática estoica es anti-epicúrea, pero adopta sus tópicos, y particularmente la división de la sabiduría. Fue Epicuro el que, por razones no sistemáticas sino argumentales, había echado mano de los dispositivos de la lógica, en la medida en que era necesario tramar por vía comunicativa la comunidad de los amigos.

Epicuro señaló que el sentido de la lógica no es ni más ni menos que el de crear los elementos de la persuasión que permiten transmitir unas finalidades comunes sobre las que se basa la ligazón de aquellos que quieren apuntarse a ese mundo. Y en Epicuro la física aparece en el marco de un esquema argumental, elementos que nacen en la configuración de unas necesidades argumentativas, sistemáticas, para crear un punto de vista. Epicuro busca amostrar el carácter limitado de la naturaleza corpórea para explicar que el fin de la sabiduría es el placer, limitado por contornos muy estrictos.

Zenón, contrario al pensamiento de Epicuro, adopta esta división tripartita de la sabiduría (lógica, física, ética), adopta la idea epicúrea de que el ideal filosófico no es del conocimiento sino del vivir adecuadamente, y los esquemas argumentales de Epicuro para construir una canónica, un sistema de esa sabiduría. La lógica defiende la sabiduría como unas murallas; los árboles son la física, el elemento natural que se corresponde con la reivindicación de los comportamientos naturales; los frutos son la ética. Si estudiamos el comportamiento de los cuerpos es para poder establecer unos comportamientos que se identifiquen con conductas determinadas de las que se espera ese arte del saber vivir en que consiste la sabiduría.

Zenón recoge y sistematiza la sabiduría de Epicuro, pero su punto de vista es contrario y se erige contra el epicureísmo. Entiende las demandadas y necesidades del mundo de otra manera. En este contexto hay que saber que Zenón argumenta de forma anti-platónica y anti-aristotélica, en igual medida que en Epicuro.

Su escuela tuvo dos sucesores de gran importancia: Cleantes y Crisipo, hombre de gran capacidad sintética y gran literato del que por desgracia no quedan sino fragmentos. Por no poder comprar propiedades, Zenón enseñó en el pórtico de Apeles cerca del gimnasio a la manera del peripato. Su enseñanza pretende, en contra del pensamiento de Epicuro, vehicular en una forma civilizada la concepción cínica del saber. La vida cínica es irrealizable desde el punto de vista social, de modo que todo su intento estaba orientado a articular una civilidad del ideal de vida cínico en tres respectos.

En primer lugar, las murallas del huerco estoico, que no se separa de la ciudad, sino que se construye en la ciudad. Bajo la idea de que lo que le falta al mundo cínico para poder funcionar a un nivel público que no sea el del individualismo más feroz, lo que le falta no es una nueva teoría física que lleve a criticar la noción fundamental del cínico, la idea de que somos cuerpos y que cualquier educación que recibamos en la medida en que se constituya sobre la base de convenciones que refrenan el deseo debe considerarse no un elemento del saber, sino como una servidumbre respecto del saber. Esta idea está reflejada en Zenón de una manera completa, pero para ello es necesario que se pueda persuadir, que se pueda comunicar, que pueda haber una comunidad cínica, que se haga compatible el predicamento de la corporalidad y la naturaleza radical y esencialmente primaria del deseo, que todo eso pueda llegar a realizarse a través de una comunidad.

Por lógica estoica entendemos algo que no es un organon, no es un instrumento que, desligado de manera violenta del lenguaje natural (el de la poética y la retórica) esté pensado como un artefacto racional para referir el mundo. Esta es la idea de Aristóteles: la comunicabilidad se hace a través del lenguaje natural, persuasivo o reproductivo de conductas. La lógica supone una violentación del lenguaje natural al que se encarga la noción de generar abstractos cuyo objetivo es hacer posible el mundo de la denotación pura, del inteligible platónico. Frente a estas ideas, Zenón entiende una eliminación radical de esa violentación aristotélica del logos apophantikon y una focalización de cuáles son los elementos que, por medio del lenguaje natural, se puede acceder a la verdad. La lógica estoica es una teoría del conocimiento, un conjunto de tesis sobre el discurso de la verdad.

¿Y cómo se llega al discurso de la verdad? Desde una posición que va a ser el centro que los escépticos encontrarán como digno: que no tenemos otro conocimiento que el de la sensación. Dado que somos cuerpos y solamente cuerpos, el único acceso al mundo es mediante las sensaciones. Lo que pasa es que el lenguaje no traduce la sensación. El lenguaje es una interposición que hacemos al mundo de las sensaciones, que es seguro y cierto. Cualquier forma de error que se dé en la sensación se da en los cuerpos, no en la sensación. El mundo del conocimiento, que solo puede partir de la sensación, no se gestiona tanto en la sensación si el interés buscado es el de poder compartir una comunidad de cuerpos, cuanto en un nivel distinto: el nivel del asentimiento. El problema no es sentir sino asentir. Ahí se construye la totalidad de la lógica.

La lógica no es una violentación del lenguaje sino aquel instrumento que se sabe de antemano una mediación respecto de las sensaciones que como cuerpos tenemos, pero cuyo centro de atención no está en el sentir sino en asentir a lo que sentimos. Sentir es algo que nos afecta directamente, que no podemos negar, que nos proporciona estados corpóreos determinados, pero que no podemos trasladar.

¿Qué es la lógica, esta muralla que nos defiende de la barbarie y la incomprensión? Encontrar el mecanismo por el que, ya que no las sensaciones, podemos participar el significado de las sensaciones. Asentir quiere decir mencionar lo que es aprehendido en la sensación en una forma que puede ser comunicada. Esto es el lenguaje. Por eso todas las sensaciones son verdaderas, pero no todos los asentimientos son verdaderos. ¿Cómo reparar esta posibilidad del error no en la sensación misma, sino en los problemas físicos que comporta la sensación? Encontrar un mundo en el que las afirmaciones de lo sentido puedan ser definidos en una forma que pueda ser común a todos los hombres. Y esta es la fantasía kataleptiké.

¿Qué es la fantasía kataleptiké? La elaboración de una figura, de una imagen común para las sensaciones a de esta imagen común, una imagen transferible, se le asigna el término kataleptiké, que significa “aprehendido”, tal que es susceptible de aprehensión. ¿Qué es el asentimiento? El carácter público del lenguaje, el control público -racional- del significado de las sensaciones. Y esto forma comunidad. Una comunidad no es más que la participación en los diferentes asentimientos.

En la medida en que nos alejamos de unas aprehensiones que pueden ser afirmadas, vamos creando comunidades exclusivas, pero nos vamos alejando del campo del asentimiento, nos alejamos de ese mundo de la sensación que puede y debe ser compartida porque puede y debe ser aprehendida. Por ello una comunidad de exclusión es una comunidad equivocada. La comunidad comparte un horizonte de imaginaciones asignables, de modo que cualquiera que sea su lengua y sus costumbres, son capaces de encontrar un modelo común de afirmación o apreciación de las sensaciones. El referente no es ya una sola comunidad sino la humanidad en su conjunto.

El sujeto de esta sabiduría es el sujeto universal, la humanidad completa. Quienes pueden participar en el asentimiento de las percepciones sin que haya ninguna mediación imaginaria propia distinta que por ello debe considerarse equivocada. El estoicismo es una sabiduría cosmopolita, que estima que es necesario una teoría fuerte de la verdad con objeto de lograr una constitutividad fuerte del ser humano, y el referente propio ya no pueden ser los pueblos o las naciones, sino que tiene que ser el hombre universal, el hombre que es todos los hombres. El cosmopolitismo estoico no es un resultado de su ética, ¡todo lo contrario! Es un asunto lógico, y la ética es consecuencia de ello. Se es cosmopolita porque se acepta que hay un acceso a la verdad que consiste en el asentimiento común a la especie de aquellas sensaciones que nos llegan en la forma de una transmisión corpórea.

Esta lógica tiene capacidad de una comunicación universal porque parte de esta teoría universal de la verdad: la capacidad de asentir aquellas sensaciones eliminando las mediaciones que están formadas por lo que no es susceptible de asentimiento en esas concretas constituciones no universales. El estoicismo es cosmopolita porque apuesta por un criterio de verdad que no es referencialista, no ha sido recluido para hacer una ciencia, sino que es la base de cualquier pensamiento que quiera construir una teoría válida para todos los seres humanos.

Los estoicos hicieron un discurso anti-esclavista y anti-aristotélico. No hay motivo para que nadie sea distinto de otro. Tampoco la distinción entre lenguaje común y especializado tiene sentido. Las especializaciones científicas no están en un nivel diferente del expresable en la obra de arte, la deliberación política o el juicio de los tribunales. Son formas de universalismo. Así, el punto de vista estoico impactó rápidamente sobre la literatura, apareciendo personajes arquetípicos. ¿Por qué? Porque los tipos se sobreponen a cualquier ciudad. El imaginario exclusivista debe ser eliminado en nombre de la unidad de las referencias y del saber, que es el que nos proporciona el criterio de la verdad.

El esquema de la verdad estoico plantea que todo asentimiento tendrá que ser un asentimiento común. No hay contradicción en el mundo estoico: dado el carácter general para la humanidad entera de las sensaciones, si no están interrumpidas tendrán que dar lugar a una común aprehensión. De este modo, la transgresión cínica se convierte en normal en el mundo estoico. El cinismo era transgresor porque estaba en pugna con la ciudad. El estoico plantea que el mundo de la ciudad no tiene base legítima, de modo que lo que subyace a él es lo que el cínico presenta de forma tan agresiva.

¿Qué dice la física? El ser es el principio que nos permite entender que en la realidad hay acción y pasión, es el soporte de acciones y pasiones. El mundo de la sensación nos proporciona movimientos, acciones puras, crecimiento y degeneración, etc. Proporciona pasiones porque cada uno de esos elementos dinámicos tiene su contraparte en sus contrarios. Cada crecimiento es seguido de una degeneración, etc. El ser no es otra cosa que el soporte de la acción y la pasión. Así, el ser es siempre la corporeidad. El materialismo estoico no se produce en un horizonte distinto del materialismo epicúreo, pero mientras que este es atomista, el estoicismo se queda varios escalones antes y afirma que la entidad unitaria es el cuerpo. El soporte de acciones y pasiones es una unidad elaborada: el cuerpo.

La otra tesis es que todo cuerpo es individual, no hay cuerpo genérico. La desaparición del cuerpo es la desaparición del individuo. No hay especies, no hay géneros: hay individuos, hay cuerpos. El mundo está compuesto de cuerpos individuales, y estos naturalmente se parecen entre sí y forman conjuntos. ¿Qué pasa con los cuerpos humanos? Que dependen de unos deseos, de unas necesidades que pueden ser descritos en el nivel de su corporeidad.

Tenemos necesidades que son propias de nuestros cuerpos: satisfacciones estéticas, regulaciones civiles, acotamientos en forma de derechos, porque así lo dicta la sensación de los cuerpos. La etología nos muestra costumbres que a veces son solitarias, gregarias, territoriales… los cuerpos humanos se comportan también mediante un comercio de sus necesidades. No hay nada insensato en decirlo: no hay transgresión en ello. El cinismo debe ser adoptado como forma de sabiduría con tal que cambie el gesto y elimine su dimensión todavía antigua y trágica.

Si nos ocupamos de los cuerpos humanos, un elemento fundamental de su conducta es el logos, una característica de la corporeidad humana. En este sentido, Zenón apela a Heráclito: el logos es algo que todos compartimos y como no puede ser una cosa separada de la conducta, de la etología de nuestros cuerpos, tiene que ser algo que nos haga a todos partícipes de esa naturaleza, que esté ínsito en nuestra naturaleza corpórea como característica propia de nuestros cuerpos.

El logos como elemento de la corporeidad humana tiene una proyección tal que es capaz de organizar la naturaleza entera. El fenómeno de la conciencia presta inmediatamente sentido a la naturaleza entera. Por eso el logos es divino, no por no corpóreo o por separado, sino porque es aquello que da sentido, que permite la construcción de ese lenguaje público, que se convierte en una intermediación, artefacto o instrumento comunicativo en nombre de toda la naturaleza. Lo divino es la constitución del cuerpo humano: que no somos dioses. Aquí hay un materialismo aún más fuerte que en el epicureísmo. Los cuerpos se organizan en torno al logos y su conducta es la del deseo, de la satisfacción de las necesidades, de todas las cosas cuyo gesto bárbaro había sido el gesto cínico y ahora es lo propio de la naturaleza. ¿A qué ética dará lugar?

El cosmopolitismo es lógico. El logos es un asunto físico. La ética estoica, por lo tanto, se define por el egoísmo, la autosuficiencia privada. Si somos cuerpos (noción de no transmisibilidad) somos individuos. Esos cuerpos que cuidan de sí quieren que sus propias necesidades y deseos se satisfagan. Por ello no hay virtudes ni vicios, sino conductas que buscan la satisfacción más adecuada de ese cuidado de sí. Y eso explica la organización de las sociedades, el hecho de que el cuidado de sí, la pulsión auto-satisfactora de mis necesidades y deseos me lleva, porque nuestra conducta está dotada de logos, a una continua negociación. Nos lleva a la construcción de convenciones y normas que permiten la satisfacción de nuestras necesidades.

El mundo cosmopolita se vuelve ético cuando todo (las leyes, la distribución de la riqueza…) son formas, estructuras del cuidado de sí, de la auto-satisfacción. Ese cuidado que sí puede estar profundamente afectado por la estructura social pre-existente, alienado por una errónea configuración de las necesidades de los cuerpos. El estoico se ve confrontado a una terrible paradoja: si nos organizáramos todos a la vez podríamos llegar a acuerdos a nivel de la humanidad entera, pero eso es exactamente lo que hay. Tenemos sociedades en el que el cuidado de sí de muchos individuos es imposible porque no tienen acceso a los medios necesarios para ello, porque están desestructurados en un mundo social que no se corresponde con esta lógica de la corporeidad.

¿Qué se puede hacer en estas condiciones? Dos operaciones. La primera fue señalar que el mundo racional es un deber. Los deberes son normas de conducta que no reproducen por vía referencial lo que ocurre, pero que establecen conductas reguladoras sobre lo que debería producir la satisfacción de los seres humanos. La segunda es la operación de la sabiduría, distinguirlos entre listos e idiotas. Los listos son los que conocen el deber. Los idiotas son los vagos, los que nunca reconocen el deber: les bastan las costumbres, pensar lo que se piensa, hablar de lo que se habla. No son capaces de sabiduría, que es el reconocimiento del deber, la obligación constante del recuerdo constante del deber, aquello que debería ser, el oficio del ser humano.

Esta distinción es decisiva porque, cuando el sabio se ve confrontado a una imposibilidad del deber, tiene derecho a privarse de su vida. Una vida que no está presidida por la posibilidad de, en ese dominio público que alcanza a la humanidad en su conjunto, de ejercer el cuidado de sí, debe ser terminada. Los estoicos apelaron al suicidio como una solución a la paradoja y siempre han sido muy proclives a él. Entre los estoicos romanos ha habido muchos ejemplos de sabios que han apelado al universalismo cosmopolita para poder ser sabios, poder tener una representación de sí mismos en condiciones fuera de las condiciones en que vivían, como en el caso de Epícteto.

Un comentario en “Filosofías helenísticas: el estoicismo

  1. Pingback: Índice de Espíritu Griego, de Quintín Racionero | Reflexiones intempestivas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s