La hispanidad como herramienta de construcción creativa

hispanoamc3a9rica

La realidad cambiante, prácticamente inaprensible en estos tiempos cargados por la categoría de aceleración, necesita congelarse conceptualmente para adquirir sentido. El lenguaje implica un instrumento capaz de desentrañar lo real o, al menos, de instituir una comprensión de lo común que permite el entendimiento. Esta se alcanza por medio de las imágenes derivadas del logos en forma de concepto. Solo de esta manera, haciendo uso de la perspicacia compartida y expresada por medio del verbo, se posibilita lo óntico nacido de lo ontológico. Es decir, la facticidad ofrecida al sujeto se manifiesta y se comparte exclusivamente gracias al lenguaje que da pie a la inteligibilidad.

Desde el conocimiento de lo propio se proyecta lo ajeno. La realidad, siempre tamizada por el filtro particular, alcanza nivel universal estableciendo al verbo como soporte que lanza este mundo interno hacia el exterior. La alteridad, con la que choca la reflexión conceptual del individuo, implica un muro insalvable de no ser por la poiesis compartida que edifica lo común. La comunidad, por tanto, es un constructo lingüístico que cuenta con sus propias reglas establecidas por el convenido que se instaura gracias a los puentes dialógicos tendidos entre desconocidos. Cada particularidad de las que conforman lo político debe lanzarse hacia el otro si es que quiere posibilitar la vida en sociedad.

La representación de lo propio solo adquiere sentido en lo ajeno, en el otro en oposición que marca el límite absoluto del yo. En este terreno debe desarrollarse la estrategia para el establecimiento de la vida común que permite la supervivencia en los estrechos límites marcados por las difusas fronteras entre el individuo y lo social. Pues, sin lugar a dudas, lo particular de lo político solo tiene sentido en el espacio común; lejos del ágora pública no es más que pensamiento efímero. El desvelamiento, la apertura a lo ajeno se hace por medio de la idea propia que germina en los demás. Solo las ideas, transmitidas en construcciones conceptuales, tienen la posibilidad de modificar las conciencias y, por este motivo, la realidad social en conflicto permanente.

Las ideas luchan, pelean entre ellas para imponerse. No obstante, tienen una estructura flexible que permite su fusión, alteración y modificación para convertirse en algo orgánico que no termina nunca de madurar. Las ideas mueren antes de consumarse, siempre llegan a su fin antes de terminar su proceso de desarrollo propio. En cuanto abandonan lo particular se contaminan de lo universal y adquieren una dimensión ontológica inaprehensible y única por la peculiaridad de su mutación incesante. Con todo, a pesar de su metamorfosis, la idea puede traspasar el caparazón individual para anidar en el ser humano y volver a saltar a lo común tras alterarse nuevamente al transitar por la comunidad. Cada parada implica la nueva vida de la idea que se magnifica al entrar en contacto con las variantes de su propia alteridad.

Este proceso, infinitas veces repetido cada día, constituye el combustible para el cambio social. El logos congela lo real por medio del concepto que permite establecer un espacio común afrontado por el lenguaje. Esta zona inteligible sufre los bandazos y enfrentamientos que implica lo político, aunque, como si se tratase de una pradera, de vez en cuanto prende una idea que termina por convertirse en un árbol que altera el paisaje. Es entonces cuando la monotonía del horizonte se hace añicos, cae en pedazos ante el empuje de la nueva realidad que ha arraigado y se lanza hacia el cielo. El resto de ideas pujan contra la triunfante, pues, en cuanto consigue el éxito, vuelve la tempestad del enfrentamiento político que sigue modificando la vista. Esta refriega implica el espacio comunitario, donde se baten las ideas para convertir el paisaje en un vergel o en un erial donde no crece nada.

Lo común solo puede abordarse por el lenguaje, por la conceptualización que consiente el entendimiento. Por esta razón, cada lengua particular conlleva una forma de comprender la realidad que arrastra toda una serie de valores y prejuicios que permite el intercambio dinámico de ideas. El encuentro de opiniones es el acicate que tolera el perfeccionamiento de lo comunitario. El verbo, personificación de esta realidad, admite este movimiento de lo político. De esta manera, un vehículo compartido como puede ser el español presume una oportunidad de cambio que multiplica las posibilidades creativas facilitando la rehabilitación de una conceptualización de origen moderno que ha claudicado ante el proceso de globalización.

Más de quinientos millones de hablantes son la solución a los problemas comunitarios generados por un mundo global en el que las desigualdades son a cada paso más acusadas. La solución ante la injusticia tiene que venir desde el lenguaje, desde la denuncia crítica que establece el logos compartido. El conglomerado espiritual hispanoamericano debe asumir esta misión, debe lanzarse a la comprensión de la realidad común para, a partir de la conceptualización derivada, conseguir marcar un horizonte de expectativa en el que se vayan eliminando las profundas problemáticas que asechan la comunidad. La división o la asunción del pensamiento único neoliberal entrañaría la sumisión y el sometimiento a los poderes establecidos.

La clave de la cuestión se encuentra en que no existe ningún poder establecido. La deriva marcada por la globalización no tiene liderazgo, se ha rendido a la lógica empresarial que solo responde ante el pragmatismo económico. Esta situación, ajena a lo humano y lo político, necesita enmendarse mediante el establecimiento de una conceptualización ajena a la competitividad que dirige la contemporaneidad. La ruptura de este caos en apariencia ordenado tiene que venir del logos, traducido por el lenguaje que marque el camino para el intercambio de ideas que proyecten lo comunitario en su dimensión humana. De modo concluyente, Hispanoamérica debe explotar el pasado común que incluye a España para haciendo uso de la lengua compartida construir la política del futuro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s