Aristóteles (I)

Nos movemos entre los años 30 del S.IV antes de Cristo, marcado por la relativa paz que siguió a la reconstrucción de la democracia moderada en Atenas y la formación de núcleos de poder estabilizados y no muy activos. Filipo pone fin a este período estabilizando el reino electivo de Macedonia y reemplazando el protectorado persa por el suyo, interviniendo en Grecia para unificar el mundo helenístico, siguiendo las ideas panhelenísticas de Isócrates sobre la base de incorporar el punto de vista ateniense y emplearlo como elemento rector.

Demóstenes conformó un argumentario que apelan a la memoria histórica, la identidad, en nombre de ideales vinculador a la historia de Atenas: libertad, justicia, participación en la política ciudadana, asambleas y el viejo horizonte de la polis y la actividad compartida en núcleos pequeños. En suma, un discurso contra el despotismo que enardece a Atenas en el levantamiento contra Macedonia. Con Alejandro como comandante, ambas facciones van a la batalla y gana Macedonia.

Atenas es perdonada y la crisis se resuelve, pero es el fin de Atenas. Ya no será más que una parte del conglomerado de posesiones de la monarquía macedonia. Asesinado Filipo, Alejandro restaura la situación sucesoria y establece una paz firme. Con Esparta derrotada por Tebas, Tebas arruina y esclavizada, incapaz de reconstruir la liga de Corinto, y Atenas incapaz de levantarse, es el fin del mundo griego. El nuevo período instaura unas nuevas características y supone una pérdida de identidad de los núcleos griegos frente al concepto de helenidad.

El debate oratorio, la historia y la nada sutil transformación de las escuelas filosóficas suceden a la tragedia y la comedia. Se empieza a hablar de “la historia de Alejandro” o la posterior “historia de Roma”, conectados con la historia universal. Desaparece la historia particular. La poesía y el teatro ceden paso a la oratoria que se centra en el discurso forense, con el debate en los tribunales. Cambian el arte (esculturas con torsiones dinámicas que reflejan aspectos como el dolor) y la concepción del ser humano: el individuo como ventana a la humanidad.

Después de Alejandro el sujeto no es Atenas, Esparta o Tebas, no es una comunidad de hombres: es la civilización, es una idea, la idea del helenismo. Roma no luchará contra un espacio comercial cuando se enfrente a Grecia; buscará convertirse en sujeto de toda esa representación. Pasamos de una historia de Grecia a una historia de la representación de lo helénico. Surge la identidad civilizatoria, el legado de Grecia, la representación de una cultura, de un valor hecho abstracto que rebasa la comunidad humana definida.

Ante el empuje matematizante de los escépticos, Aristóteles construye su propio pensamiento como platónico en Asos. Su posición final, el peripato imbricado en una sociedad con un fuerte sentimiento de decadencia, es la que configura su legado de un ideal de educación filosófica descrita en la academia de Platón, con un factor transformativo basado en el intento de hacerla posible y superar sus aporías. En la Atenas de Demóstenes, se acusa a Aristóteles de hablar de Ernias -defensor de la ciudad-estado- como de un dios.

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