La ficción de lo político

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Los primeros enfrentamientos contemporáneos entre los diversos modelos de organización social y política se derivan de los documentos constituyentes de las Cortes de Cádiz[1]. En este periodo, primera parada de la contemporaneidad española, ya se engendró un antagonismo entre el federalismo y el nacionalismo. Una gran diversidad de clubes y sociedades irrumpieron en el panorama hispano desde Cádiz y sobre todo con el sexenio revolucionario generando un ambiente de debate e intercambio de ideas en un contexto democrático productor de cierto tono de cohesión entre grupos hasta ese momento dispersos[2]. Esta discrepancia generaría a partir de la regencia de Espartero (1793-1879) un campo de batalla ideológico para dirimir las tareas y competencias a cumplir por parte institucional en lo referente a la moral, cultura, sociedad y economía[3]. Con independencia de que durante el XIX primase un modelo centralista, el Estado liberal tuvo dificultades para su implantación requiriéndose ayuda de instituciones locales generándose una escasa nacionalización y un despegue de los regionalismos. El proyecto liberal se vio desde su génesis enfrentado a la posibilidad del establecimiento de un modelo estatal que amparase la diversidad inserta en la nación[4]. Se siguió, para la proyección estatal, el modelo francés fuertemente centralizado en oposición a los regionalismos hostiles a este tipo de organización política[5].

Sin embargo, uno de los rasgos destacados de la historia española se encuentra en la tendencia a la segregación o cantonalismo[6]. De hecho, aunque se trate de un hecho anecdótico, a partir de julio de 1873 se produjo en España un movimiento cantonalista causante de una grave crisis de gobierno. Así, el 12 de julio de 1873 se proclamó el cantón murciano extendiendo su influencia a Valencia y algunas localidades de Andalucía como el cantón malagueño[7]. Este tipo de reivindicaciones también se dejarían notar en Alcoy y Cartagena buscando, por medio de sus demandas, una nueva organización provincial[8]. Esta sublevación cantonal se produjo en respuesta al proyecto federal amparado por Pi y Margall[9]. Queda así ejemplificada esta tendencia hispana hacia la segregación tomando distintas formas a lo largo del recorrido histórico de la nación y que, sin embargo, encuentra su representación paradigmática en los movimientos regionalistas[10] de gran recorrido pues hunden sus raíces en los supuestos orígenes míticos de estas identidades culturales subsumidas y contribuyentes con el espíritu español. Estas identidades no poseen por sí mismas un carácter negativo en enfrentamiento con otras nociones identitarias[11]. Es decir, sin estas diferencias sería imposible la identificación de lo español pues esta misma orientación separatista se encuentra anclada en su fondo y evidentemente se puede emplear para sumar y crear una noción más rica y cuajada de discrepancias conducentes a la tensión creativa ineludible para la instauración de soluciones político-sociales.

Frente a los posicionamientos monolíticos y sectarios que inundan la opinión pública, puede garantizarse que lo idiosincrásico de lo político consiste en el conflicto[12] y en la imposición dialéctica de los propios posicionamientos en los demás. Así, solo una lectura muy parcial de la historia política española, por no decir ignorante, puede anclarse en una postura estática de la comunidad. Esta, por su esencial irrepresentabilidad, pues en su seno deben cohabitar los puntos de vista individuales conformando un absoluto, es dinámica y fluida. De esta manera, la política hispana, lejos de ser una anomalía, está caracterizada por un sano influjo entre antagonismos que conduce al desarrollo de posturas novedosas en relación a la organización de lo común.

El problema, o más bien el impedimento, viene dado desde el dogmatismo reaccionario inserto en todos los posicionamientos nacionalistas. Problema, en un sentido etimológico, en su relación con el verbo proballein, significa echar o poner por delante, presentar algo, y se equipara al latino procijere o proyectar. De esta manera, problema equivaldría a proyecto; supone el proyecto para pasar a la acción  práctica[13]. Sin embargo, no se pone de manifiesto esta posibilidad pues, un proyecto, para ser tal, debe tener en consideración la variedad de puntos de vista que existen en su propia esencialidad. En caso contrario, estaría renunciando a la multiplicidad de ángulos existentes en lo real y que afectan, de manera evidente, a lo político.

De esta manera, lo político español no puede construirse desde la unicidad de un planteamiento pues se estaría renunciando a lo esencial: al conflicto. La falta de entendimiento, el conflicto, supone el aliciente para el desarrollo y el progreso. Sin esta fricción solo hay totalitarismo, estática social que termina con la supresión de las libertades individuales. Se debe, por lo tanto, problematizar para de esta manera proyectar; esta es la única vía para la construcción de un horizonte de expectativa con garantías de pervivencia.

 

[1] Villacañas Berlanga, José Luis, Historia del poder político en España. Barcelona. RBA Libros. 2015. P. 414

[2] Pérez Garzón, Juan-Sisinio, El nacionalismo español en sus orígenes: factores de configuración en Ayer. 1999, no 35. P. 75

[3] Ibídem. P. 78

[4] Balfour, Sebastián y Quiroga, Alejandro, España reinventada. Nación e identidad desde la Transición. Primera edición. Barcelona. Ediciones península. 2007. Pp. 24-25

[5] Álvarez Junco, José. Dioses útiles. Naciones y nacionalismos. Barcelona. Galaxia Gutemberg. Segunda edición. 2016. P. 71

[6] Unamuno, Miguel de, El individualismo español. A propósito del libro de Martin A. S. Hume, The spanish people: their origin, growth and influence, en Obras Completas, VIII. Madrid. Ediciones de la fundación José Antonio de Castro. 2007. P. 533

[7] Fontana, Josep, La época del liberalismo, en Historia de España. Volumen 6. Edición dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares. Barcelona. Círculo de lectores. 2007. P. 391

[8] Villacañas Berlanga, José Luis, Historia del poder político en España. Barcelona. RBA Libros. 2015. P. 465

[9] Balfour, Sebastián y Quiroga, Alejandro, España reinventada. Nación e identidad desde la Transición. Primera edición. Barcelona. Ediciones península. 2007. P. 150

[10] Unamuno, Miguel de, El individualismo español. A propósito del libro de Martin A. S. Hume, The spanish people: their origin, growth and influence, en Obras Completas, VIII. Madrid. Ediciones de la fundación José Antonio de Castro. 2007. P. 535

[11] Marina, José Antonio, Las culturas fracasadas. El talento y la estupidez de las sociedades. Barcelona. Editorial Anagrama. Primera edición en <<Compactos>>. 2011. P. 141

[12] Esposito, Roberto, Diez pensamientos acerca de la política. Primera edición en español, Buenos Aires. Fondo de cultura económica. 2012. P. 36

[13] Unamuno, Miguel de, Cómo se hace una novela. Madrid. Salvat Editores en colaboración con Alianza Editorial. 1969. P. 177

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