España en el proceso global

300px-1949_5_pesetas

España no resultó inmune a la situación cambiante promovida en los órdenes económico y político desde el final de la segunda Guerra Mundial hasta los años setenta. No obstante, cuando realmente se llegaron a sentir las alteraciones fue a partir del fin de la dictadura franquista pues sería a partir de 1975 cuando la remodelación de la sociedad llegó a tener una apariencia integral. Este momento de cambio y alteración fue realmente quebradizo y, por este motivo, resultó fundamental el trabajo retórico fundado en la idea para la elaboración de un plan de actuación válido para la eliminación del régimen anterior desde sus propios presupuestos[1].

Una nota particular de este tiempo fue la modificación incesante y frenética de un horizonte de futuro sometido a la categoría de aceleración de un presente impuesto sin posibilidad de asimilar las transformaciones compuestas desde la esfera de lo social. Aún así, se mantuvieron las antiguas categorías antagónicas elaboradas en la modernidad como marcadores de la dialéctica comunitaria incapacitadas para la solución de las problemáticas surgidas. Consiguientemente, el horizonte de experiencia marcado por el espacio de experiencia se vio sobrepasado por la referida categoría de aceleración impidiendo la producción de una adecuada conceptualización a la medida de una contemporaneidad sometida a un cambio superficial. Subyacían las antiguas problemáticas al tiempo que surgían novedades para alterar el orden cívico. Es por este motivo que se hace imprescindible un tratamiento de la actualidad desde un espíritu crítico y creativo para hacer frente a los retos presentados en el cambiante horizonte de futuro.

Cabe destacar el período conocido como Edad dorada determinado por un gran crecimiento económico y comprendido desde el final de la segunda Guerra Mundial hasta la crisis de los años setenta. Este fenómeno encontró el impulso primitivo en el Tratado de Versalles pues a raíz de estas negociaciones se posibilitó el libre comercio y la posterior mundialización[2]. Como elemento añadido, este tratado impulsaría el modelo nacionalista y las privatizaciones idiosincrásicas de la actualidad[3]. Con todo, fue en este constreñido espacio de tiempo de la Edad dorada donde se produjo la gestación definitiva del sistema económico y social caracterizador de la coyuntura actual sometida a las variaciones vertiginosas donde los valores anterioriores han sido sustituidos. El proceso señalado puede relacionarse con el término especulación, cercano al de espejismo[4] pues se estableció una cortina de humo que ha imposibilitado el acceso al entramado cada vez más ruinoso de la política en ligazón con la economía.  El régimen Franquista no fue ajeno a la bonanza generalizada y en la década de los cincuenta comenzaron a atenuarse las políticas autárquicas e intervencionistas. Entre 1957 y 1959 se adoptaron medidas para integrar a la nación en el mercado internacional de una forma progresiva. Ahora bien, la atribución de esta apertura habría debería concederse a unos acontecimientos externos que marcaron el devenir del país, tanto en el plano económico como en el político[5]. El mundo se organizó en dos grandes bloques pues, por un lado, los Estados Unidos crearon el plan Marshall para evitar la expansión comunista en una Europa arruinada y, por su parte, la URSS fundó el COMECON para las naciones de su órbita[6]. España, después de declarar su cruzada anticomunista e incluso participar de manera subrepticia (pues se trató de un asunto harto delicado) en la Segunda Guerra Mundial junto a la Alemania nacional socialista por medio de la División Azul, comenzó tímidos movimientos hacia el bando americano.  El gobierno franquista pretendió una serie de tendencias opuestas a la Rusia comunista que le acercaron a las potencias rivales en un intento por recuperar su espacio internacional. Sin embargo, resultó más interesante tener una España debilitada y la posibilidad aperturista se vio truncada por el embargo encubierto sufrido por la nación hasta tiempo después de la Guerra Civil debido a la inclinación germanofílica mantenida durante la contienda mundial y a la política totalitaria alejada de los ideales democráticos.

Sintomático de los tiempos cambiantes fue la firma en el año 1957 del Tratado de Roma como preludio de la Comunidad Económica Europea y del nuevo orden mercantil global. Ciertamente, la España de ese momento no estuvo inserta en el impulso inicial de la organización internacional. Sin embargo, el país no iba a ser inmune a las reformas ocasionadas y, de esta manera, en 1958 ingresó en el FMI y en la Organización  Europea de Cooperación Económica;  paso previo a la creación de la OCDE. Se planteó la posibilidad de establecimiento de una serie de reformas que cristalizaron en el Plan de Estabilización y Liberación de 1959[7]. La política de la década de los cincuenta intentó dejar atrás el periodo inmediatamente anterior marcado por la depresión económica y los abusos generados por la administración y sus grupos asociados[8]. Se abrió el camino para el desarrollo de un sistema económico fundado en un reparto de los recursos orientado a la implantación de una profunda desigualdad social[9].

Desde otro ángulo, el nacionalismo imperial franquista evitó que la multiplicidad y riqueza cultural y regional españolas pudiesen florecer o manifestarse pues desde la dirección del régimen se planteó como premisa el enterramiento de los restantes nacionalismos españoles posibilitados para engrandecer la identidad nacional. Realmente, la propia Guerra Civil y ciertas problemáticas recientes son consecuencia, en opinión de algunas corrientes interpretativas, de la incapacidad de construir una identidad nacional superadora de las diferencias para aunarlas en un único sentido nacional[10]. Jaime Gil de Biedma (1929-1990) retrataría este ambiente en su poema Años triunfales:

Media España ocupaba España entera / con la vulgaridad, con el desprecio / total de que es capaz, frente al vencido, / un intratable pueblo de cabreros. / Barcelona y Madrid eran algo humillado. / Como una casa sucia, donde la gente es vieja, / la ciudad parecía más oscura / y los Metros olían a miseria. / Con luz de atardecer, sobresaltada y triste, / se salía a las calles de un invierno / poblado de gabardinas / a la deriva, bajo el viento. / Y pasaban figuras mal vestidas / de mujeres, cruzando  como sombras, / solitarias mujeres adiestradas / -viudas, hijas o esposas- / en los modos peores de ganar la vida / y suplir a sus hombres. Por la noche, / las más hermosas sonreían / a los más insolentes de los vencedores. (Gil de Biedma, Jaime, Las personas del verbo. Tercera edición. Barcelona. Galaxia Gutenberg. 2016. P. 156)

[1] Villacañas Berlanga, José Luis, Historia del poder político en España. Barcelona. RBA Libros. 2015. P. 575

[2] Keynes, John Maynard, Las consecuencias económicas de la paz. Tercera impresión. Barcelona. Editorial Austral. 2015. P. 43

[3] Ibídem. P. 66

[4] Marina, José Antonio, Las culturas fracasadas. El talento y la estupidez de las sociedades. Barcelona. Editorial Anagrama. Primera edición en <<Compactos>>. 2011. P. 20

[5] García Delgado, José Luis, Nacionalismo y crecimiento económico en la España del siglo XX: el turno del franquismo, en Historia de la nación y del nacionalismo español. Edición dirigida por Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi Aizpurúa y Andrés de Blas Guerrero. Barcelona. Galaxia Gutenberg – Círculo de lectores. 2013. Pp. 768-769

[6] García Queipo de Llano, Genoveva, Sepúlveda Muñoz, Isidro, Rivas Lara, Lucía (coordinadora), Historia contemporánea. Madrid. Librería UNED. 2010. P. 176

[7] García Delgado, José Luis, Nacionalismo y crecimiento económico en la España del siglo XX: el turno del franquismo, en Historia de la nación y del nacionalismo español. Edición dirigida por Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi Aizpurúa y Andrés de Blas Guerrero. Barcelona. Galaxia Gutenberg – Círculo de lectores. 2013. Pp. 771

[8] Villacañas Berlanga, José Luis, Historia del poder político en España. Barcelona. RBA Libros. 2015. P. 550

[9] Keynes, John Maynard, Las consecuencias económicas de la paz. Tercera impresión. Barcelona. Editorial Austral. 2015. Pp. 18-19

[10] Blas Guerrero, Andrés de, Cuestión nacional, transición política y Estado de Autonomías, en Historia de la nación y del nacionalismo español. Edición dirigida por Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi Aizpurúa y Andrés de Blas Guerrero. Barcelona. Galaxia Gutenberg – Círculo de lectores. 2013. P. 936

2 comentarios en “España en el proceso global

  1. “La isla del viento”, una película sobre una pequeña parte de la vida de Miguel de Unamuno, concretamente su exilio en Fuerteventura, así como el incidente con Astray en la apertura del curso en la Universidad de Salamanca. En mi opinión es una buena película que está pasando desapercibida. Muy recomendable.

    Me gusta

  2. Pingback: La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han | Reflexiones intempestivas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s