Lo narrativo como tarea de construcción

vacio-existencial

A lo largo del desarrollo del pensamiento se han elaborado innumerables definiciones sobre lo humano. Una de las más afortunadas, por su pervivencia y recorrido, es la de ser humano como animal racional. Ahora bien, cómo se determina esta racionalidad tan idiosincrásica. La respuesta viene dada desde el logos, desde el discurso cargado de razón capaz de descifrar la phisys en forma de regularidades y leyes universales. Pero, este logos, más allá de su carácter desvelador, de su capacidad para descubrir lo que está oculto a la vista, tiene una serie de matices enriquecedores para el propio sujeto y la colectividad.

Como punto de partida, el logos, más que como discurso razonado, tiene un poder fundamental por su capacidad de evocación. Por este medio se marca el puente de conexión entre individuos a través de las historias compartidas o enfrentadas. La propia biografía personal no es más que un relato elaborado a través de los demás en conjunción con el propio protagonista. En relación a los demás por medio de la pugna con la alteridad, lo distinto que consiente con la propia definición, y, a nivel individual, por el soliloquio mental inserto en el sujeto haciendo de la realidad propia un todo coherente con acceso al contexto. Lo real y lo personal se confunden en una anécdota personal que termina por volverse intrapersonal cuando se trueca diálogo y abandona el monólogo. Solamente por medio de la conexión entre historias íntimas se levanta la propia identidad en trabazón con los otros para, por esta vía, generar una nutrida red de interconexiones orientada a la fundamentación de la época. Únicamente con este elemento compensador, con este relato individual opuesto al otro para unirse en un solo torrente, se supera la finitud existencial generando un elemento trascendente identificado con el momento histórico; con la época.

La narración además construye lo fabuloso, lo excesivo por encima de las limitaciones antropológicas. Lo limitado del ser humano se compensa con la elaboración de una narrativa fantástica que desborda lo contingente para erigirse en referente y horizonte ideal. Por definición este punto es inalcanzable aunque, por su singularidad y trascendencia, permite extraer de la finitud humana un elemento existencial de tono imperecedero en el que se condensa el afán de pervivencia propio de todo ser vivo; más acusado en el individuo por su consciencia del final. Lo mítico se torna, por medio del discurso narrativo, en algo más que poesía, se convierte en asidero para superar la fragilidad orientada a la desaparición. De no ser por esta narrativa, por esta configuración de lo deseado en forma de logos no habría posibilidad de superar la dimensión finita de ser arrojado al vacío. Además de la suma de relatos particulares, la construcción de lo característico de los seres humanos se hace por medio del rebasamiento de estos relatos.

Donde se fusiona lo fantástico, lo fabulado y lo real es en el logos histórico. La Historia, apuntalada por las pequeñas y grandes historias particulares, supone alimento para la esencialidad existencial del ser humano. Ofrece, desde su propia construcción, la posibilidad de génesis de un sentido teleológico que, aunque no muestre su final, si ostenta su pasado y recorrido. Este es el camino, implica los pasos dados para llegar a un presente en construcción de un futuro que únicamente adquiere lucidez desde una narrativa actual nutrida por el hontanar pretérito para la elaboración de un horizonte de expectativa encaminado hacia el porvenir. Este absoluto carece de límites. Mientras que la persona se sabe finita, la Historia como relato colectivo asume una imagen ilimitada en la que la infinidad de historias particulares hace de lo humano un absoluto trascendente opuesto a la fragilidad inherente a lo individual. No existe un fin de la Historia, mientras haya narrativa surgirá esperanza de salvación y, en este sentido, toda la Historia se orienta a la adquisición de un sentido superior y trascendente. Se trata, por supuesto, del elemento teológico secularizado durante la modernidad.

Este relato, construido según Benjamin por los vencedores, obvia la debilidad de los vencidos. Estos quedan sepultados bajo los adoquines de una Historia construida sobre una narrativa maniquea que olvida a los desposeídos; el desgraciado únicamente interesa como elemento superado gracias al progreso irresistible ofrecido desde el éxito. El logos histórico, el relato combinado, se encuentra por este motivo fragmentado y mutilado, necesita de un tratamiento en profundidad para alcanzar todos los matices anidados en lo humano. Lo colectivo, sin lo superado por medio de la fuerza y la imposición, carece de sentido y queda abandonado a lo irracional. Solo puede entenderse algo tan elemental como el desarrollo de la dignidad humana concentrada en los Derechos Humanos desde la víctima. Los sacrificados en el devenir histórico, en el relato colectivo construido desde el triunfo, suponen el auténtico motor de los cambios históricos pues solo desde este abuso puede entenderse el proceso de revolución propio de lo histórico. Los desposeídos, los abandonados por el logos triunfante, implican la toma de conciencia de que existe algo más allá del oropel de la construcción narrativa que exalta lo propio de la época. Solo puede comprenderse el momento vivido tomando conciencia de aquello que queda más allá de la tradición pues, al otro lado del espejo, existe una realidad inmanente e incapacitada por la tendencia de la época que permite dar un sentido trascendente a la fragilidad de lo humano. Por medio del otro, del que pierde, adquiere su razón el relato completo del género humano.

2 comentarios en “Lo narrativo como tarea de construcción

  1. Buenas Nacho.
    Magnífico texto. Has hablado de algunos de los conceptos que llevan rondando por mi cabeza últimamente , como lo imposible de la existencia del humano en solitario , por supuesto de una manera más elegante y fundada en comparación a como yo me lo explicaba. Encuentro muy interesante, también, la relación que has dado a la narrativa, la Historia y la naturaleza del ser humano. Muy inspirador.
    Un saludo.
    Santi

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    • En efecto, un texto magnífico. Me alegra encontrar que me recuerda a nuestra conversación hoy, en concreto esta parte: “Los sacrificados en el devenir histórico, en el relato colectivo construido desde el triunfo, suponen el auténtico motor de los cambios históricos pues solo desde este abuso puede entenderse el proceso de revolución propio de lo histórico.” Me hace pensar en nuestro debate en cuanto a si debemos luchar contra un sistema desde dentro o desde fuera de éste; queda claro con esta cita que en el caso de la historia es necesario que un grupo quede olvidado para que al hacerse recordar haga progresar los tiempos. Algo sobre lo que reflexionar.

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