Ser sin tiempo, de Manuel Cruz

edd5518479ad49828937bede6584e9daSer sin tiempo, un breve ensayo del filósofo español Manuel Cruz publicado por Herder Editorial, abre con una declaración en favor de la filosofía, resaltando su faceta de herramienta para el análisis crítico. Tanto el contenido como su asequible lenguaje lo hacen muy recomendable de cara a la reflexión por parte de un público amplio o como materia de análisis para estudiantes; un texto simple -que no simplista- y necesario en una sociedad orientada hacia la producción en la que las humanidades son presentadas como superfluas.

Cabe destacar, por su contundencia, la observación del autor con respecto al rol de la universidad en los debates filosóficos: «Ya hace un tiempo que es extramuros de la universidad […] donde se plantean los debates de mayor trascendencia y repercusión públicas». Si ha de sobrevivir, la universidad no debería perder su capacidad de generar ideas y debate: despojada de su condición de agente de cambio, la institución queda reducida a expedidora de títulos.

Tras este apartado se expone la tesis central, cómo la sociedad contemporánea ha dado al traste con la experiencia de la temporalidad. «Hemos perdido la experiencia de la duración, de la demora, que ha sido sustituida por la sucesión ininterrumpida de intensidades puntuales». Un planteamiento, este, que el lector familiarizado con el catálogo de la editorial recordará de «El aroma del tiempo», de Byung Chul Han, en la colección dirigida por el propio Cruz. Quien conozca la obra de Han encontrará pocas novedades en lo expuesto por el español. Desde la crítica a Baudrillard y Rosa -los cuales atribuyen la pérdida de percepción del tiempo a la aceleración de este-, hasta la terminología -atomización, pérdida de sostén-, pasando por la perspectiva heideggeriana del asunto y la defensa de la vita contemplativa, ambas obras coinciden en numerosos aspectos.

Afortunadamente, no todo son similitudes: mientras Han ahonda en las causas de este fenómeno y en sus efectos sobre la percepción del momento presente -ese presente griego, fenomenológico, al que tantas veces alude el autor- y de la vida entendida como una narrativa, Cruz analiza las implicaciones sobre el pasado, la memoria o la nostalgia, como si el impacto que ha supuesto la atomización del tiempo hubiese provocado una grieta que se extiende y ramifica por toda la temporalidad. Cruz sigue la trayectoria de dicha fisura abriéndose paso a través de dispositivos digitales, consignas neoliberales y nuevas formas de comunicación para reflexionar acerca de sus efectos.

El ensayo cierra con un comentario acerca de la revisión histórica en base a categorías contemporáneas, precisamente como consecuencia de esa atomización del tiempo que no se limita al presente sino que se extiende hasta anular también la distancia que lo separa del pasado. También dedica un espacio a la importancia del diálogo con quien es percibido como contrario, no necesariamente con el afán de convencerlo sino para poner a prueba las convicciones propias, convertir al interlocutor en algo más que ese otro definido en base a categorías y evitar el efecto de cámara de eco en el que pueden convertirse las redes sociales, una herramienta comunicativa cuyo potencial con demasiada frecuencia se ve rebajado al intercambio de consignas arrojadas sin voluntad de diálogo.

A este respecto, planteamos una observación: el diálogo político nunca debería convertirse en plataforma para el discurso basado en el odio. A raíz del empuje de los movimientos populistas de derecha y su cruzada contra lo «políticamente correcto» (en realidad, afán de poder mostrar sin pudor tendencias racistas, sexistas, etc.), ha surgido especialmente en Estados Unidos un necesario debate acerca de hasta qué punto discutir con ciertas ideologías en términos de igualdad las legitima y normaliza su discurso. En este escenario el periodismo tiene mucho que decir: la tendencia política a la que apuntábamos anteriormente se alimenta de la equidistancia en el trato para proponer lo totalitario -persecución racial, recorte de libertades- como una alternativa más, tan válida como cualquier otra.

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