La conquista de lo político

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Durante su breve existencia, el malhadado Ángel Ganivet legó un puñado de obras todavía presentes por la hondura y originalidad en el tratamiento del objeto de estudio. De biografía agitada, el granadino acabaría por despedirse de este mundo de manera voluntaria en el destino diplomático que había logrado gracias a su extraordinaria carrera académica y profesional. Así, después de arrojarse por dos veces (la primera fue rescatado) al río Dvina en Riga, consiguió su objetivo y terminó su periplo vital en la capital letona.

Uno de los problemas tratados por Ganivet fue el idiosincrásico de la intelectualidad del 98: el problema de España. No en vano, es considerado como precursor de este movimiento y, durante su estancia en Madrid para la preparación de oposiciones, trabó amistad con un joven Miguel de Unamuno también ocupado en la consecución de la cátedra de griego que el andaluz no conseguiría para su ciudad natal. El acercamiento a esta cuestión sería una constante durante el final del XIX pero, en el caso de Ganivet, utilizaría algún recurso adicional más allá del ensayo o el artículo de opinión. De esta manera, se valdría de la novela escrita en primera persona y siguiendo el patrón del género de aventuras para dibujar una organización utópica que en algunos aspectos bien podría haberse empleado para la regeneración nacional perseguida en los albores del periodo decimonónico. Se trata de La conquista del Reino de Maya, novela concebida como una serie que se quedaría únicamente en dos entregas por el fallecimiento del autor.

Ganivet presenta a Pío Cid, protagonista de la ficción, como un comerciante español que por avatares de la vida acaba por perderse en el corazón del África negra. Gracias a su tesón y suerte logra abrirse paso por inhóspitos y peligrosos paisajes para llegar al Reino de Maya, lugar mítico en el que acaba integrándose gracias a su habilidad y superioridad sobre la población. El periplo, tras la consecución de la supervivencia, daba comienzo a una aventura de mayor calado: la reorganización del territorio y el ascenso del reino a una jerarquía superior gracias a las reformas emprendidas por el aventurero.

Subyace tras la narración, tremendamente pormenorizada en lo concerniente a aspectos concretos de la arquitectura institucional, una crítica al momento hispano de finales de siglo y un proyecto de futuro con el fin de regenerar el espacio nacional. En primer lugar, Pío Cid debe conseguir la unidad nacional y para ello debe hacer cumplir medidas coercitivas aunque a la larga satisfactorias. Ganivet deja patente el ascenso de la división española ejemplificada en unos regionalismos amparados por el Desastre. El momento coincidente con la crisis nacional fue clave una reorganización identitaria. Y, en este sentido, no solo el nacionalismo español se reformuló para modernizarse y asumir el Desastre, también la diversidad de nacionalismos históricos presentes en la península hicieron lo propio en muchos casos en oposición a lo español. El planteamiento de la novela parte de la necesaria unidad nacional para la consecución de los objetivos comunes aunque, como si de un tipo de federación se tratase, tras una primera organización estatal se deja cierto espacio para el autogobierno de las distintas regiones.

 Por otro lado, está presente en el escrito una crítica al colonialismo europeo propio del momento al dejar patente la pacífica vida prácticamente carente de complicaciones de los habitantes de Maya. La llegada de Pío Cid y sus ideas renovadoras, dejando patente el antropocentrismo propio del continente europeo, ofrecerá prosperidad aunque por este camino haya que organizar una armada, pasar por una guerra con las potencias vecinas e industrializar el territorio. El progreso, la comodidad y los logros alcanzados se forjan gracias a la sangre y sacrificios de una población instrumentalizada para la consecución de los fines propuestos. El autor, conocedor de los entresijos de lo político, dibuja un escenario orientado a la obtención de una mayor cantidad y calidad de derechos para una ciudadanía que de manera indefectible debe pasar por una serie de privaciones antes de llegar a la meta. Por otro lado, puede detectarse cierta melancolía en relación a las glorias imperialistas españolas. El momento de escritura de La conquista del Reino de Maya coincide con la disolución hispana en el panorama internacional y con la pérdida de los territorios ultramarinos. Gran parte de la intelectualidad patria interpretaría este fenómeno, siguiendo los patrones del darwinismo social, como una degeneración racial conducente a la caída nacional.

Se trata en definitiva de una utopía pues sigue los cánones del género: un lugar alejado y ficticio, una organización política y social satisfactoria y una reforma integral imposible de llevar a término en el mundo real. Con todo, el valor principal de la obra reside en la ironía empleada por Ganivet para dibujar una crítica social y política que de otro modo hubiese sido explícita y poco atractiva. Late, por lo tanto, una fina elegancia capaz de entretener y orientar la acción social pues invita a la reflexión sobre un momento histórico de profundos cambios y enconados problemas que llegan hasta la actualidad. En este sentido, el pensamiento utópico no presenta la solución pero, como toda reflexión filosófica, nos presenta un horizonte al que dirigirnos.

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